#Palabros: MANDATOS FAMILIARES, “ABANTO” y “SOPERA”

mandatos familiares2

Sigo con la cosecha de palabros familiares;  un nuevo término vuelve a la memoria a propósito del primer encuentro familiar, con solo un trocito de familia, porque todavía estamos desescalando el “Estado de Alarma”.

Entre quinto y quinto de cerveza fresquita (pocas cosas alegran más un encuentro) salta a la conversación la pregunta por los “mandatos familiares”, esas órdenes que en las familias se transmiten, si no encuentran férreas y conscientes resistencia, como mantras silenciosos que traspasan la epidermis de todos los miembros, y calan hasta lo más profundo transmitiéndose de generación en generación, aun sin que los “ordenados” y “ordenadas”  lo perciban.  A poco que cada una haga un ejercicio de introspección familiar, puede acabar recogiendo una preciosa cosecha de mandatos familiares (¡ojo, no confundir con valores ni costumbres!), que no sospechaba que tenía pero que ha intentado cumplir a rajatabla so pena de arrastrar la culpa.  A nosotras, pese a las diferencias generacionales, nos salieron un puñado.

Todos esos mandatos necesitan de las palabras para transmitirse y apuntalarse en el tiempo. Las palabras suelen acabar convertidas en secuaces orgullosas de esos mandatos, en conductoras necesarias por mucho que se disfracen y disimulen.

En este marco recuerdo la palabra “abanto”, como calificativo de la persona desastrada, poco ordenada, tirando a “marranilla” tanto en lo que hace como en lo que parece. Abanto no es un calificativo puntual, no se refiere a una acción, es globalizadora, describe una manera de ser. Una es o no es “abanto”.  No era difícil escuchar la palabra, formando, ella sola, toda una frase si se acompañaba de un tono de voz elevado: “abaaaanto”, y ya sabías lo que te estaban diciendo o lo que te querían decir… y no era bueno.

En este caso el diccionario de la RAE sí que recoge el palabro, atribuyéndole dos acepciones: 1. Aturdido y torpe. 2. Dicho de un toro: temeroso y asustadizo.

También he encontrado la palabra, a través de las redes, en el Diccionario de Fuentealbilla (Albacete) y alrededores, con el significado de “persona desmaña­da, poco hábil, de movimientos pesados y mal coordinados, que obra de forma irre­flexiva” lo que me hace pensar que se trata de un término de uso común en la zona de Murcia y Albacete.

Al hilo de la reflexión, salta otra palabra a la memoria “sopera”, para referirse despectivamente a la persona curiosa en exceso, o que se mete donde no la llaman.  No la recoge la RAE, pero sospecho que su uso ha sido bastante común.

Pese al paso del tiempo, pienso que los dos palabros tenían mucho que ver con los mandatos familiares y que muchos de estos se nos dirigían especialmente a las mujeres.

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