
Al escuchar la palabra petaca, quizás a algunos nos venga a la cabeza una pequeña botella metálica, de tamaño adecuado para llevar discretamente en un bolsillo, destinada a contener alguna bebida alcohólica de alta graduación; a otros le puede recordar el estuche de dos piezas en el que los hombres portaban su tabaco de liar; por estas latitudes, los menos, rememoraran con la palabra el apero que servía para llevar carga en las cabalgaduras. Parece que la palabra procede del náhualt.
La palabra tiene varias acepciones, en general todas referidas a recipientes para contener carga, pero también se refiere a una broma consistente en hacer dobladuras en las sábanas de modo que el incauto o incauta que la sufre no encuentre forma humana de meterse en la cama. Quizás la acepción más novedosa sea la referida al sistema de micrófono que suele llevarse oculto entre la ropa, al estilo en que los vaqueros del salvaje oeste ocultaban sus pistolas.
Sin embargo, recientemente, no sé ni en qué contexto, escuché la palabra petaca, y de golpe me vino a la cabeza el significado que las mujeres mayores de mi familia daban a la expresión. Petaca me llevó directamente a la palabra “puta” y a todos sus sinónimos (prostituta, ramera, fulana, furcia, pelandusca, zorra), en definitiva, mala mujer. Y recuerdo a mi abuela calificando de “petaca” a la actriz ligera de ropa que se lucía en la televisión, o a la mujer que se había liado con un señor que no era el suyo o con el que no había pasado por la vicaría, o a la que se había dejado preñar fuera de matrimonio oficial. Así eran las cosas: ellas, malas mujeres.
Esta vez el buceo en internet no da los resultados deseados: no encuentro referencias (murcianismos, giros locales) que den luz al uso de la palabra en el sentido con el que lo utilizaban las matriarcas familiares.
Finalmente, topo con un artículo referido a una expresión coloquial utilizada en Aragón “Jodo Petaca”. Un origen árabe “tómalo a la fuerza”, una variante murciana, árabe andalusí: “tómalo de nuestra parte”. Y las piezas van encajando, y quizás ese “petaca” de mala mujer, tiene que ver con esos orígenes moriscos… con ese tomar a la fuerza que tal vez los siglos no consiguen borrar.
Para ilustrar, dejo el texto completo del artículo de “Jodo Petaca”:
“En los últimos días, cuando mis amigos me mandan noticias, recortes y enlaces sobre la actualidad, lo único que contesto es «jodo petaca». Que sube la luz, jodo petaca; que la pandemia avanza cual Atila galopando sobre la tierra quemada, jodo petaca; que nieva en Zaragoza como si esto fuera Helsinki, jodo petaca; que Ayuso, Almeida, Lambán, Sánchez, la Montero, su señor marido o todos a la vez sueltan alguna de las suyas, jodo petaca… Yo lo contesto con el corazón, pues soy de natural apasionado y tengo una extrema querencia por la eficacia expresiva, pero eso no ha evitado que alguno me llame frívola y ordinaria. Craso error.
Me cuenta mi amigo José Ángel Sánchez Ibáñez, profesor de literatura en nuestra amada universidad, recordando a su vez a su viejo y querido profesor Federico Corriente Córdoba -fallecido en el perverso 2020 que nos ha tocado vivir- que éste, uno de los mayores expertos mundiales en árabe andalusí, refirió en su discurso de ingreso en la Real Academia Española un curioso dato que me siento en el deber de compartir. Nuestro «jodo petaca», tan vulgar, tan expresivo y tan propio del castellano central popular viene en verdad derivado de un muy limpio árabe húdhu bitaqah que significa «tómalo, a la fuerza», y que su variante murciana «jodo minina» viene de un no menos pulido árabe andalusí húduh minínna (tómalo, de nuestra parte).
Al usarlo con alegría estamos por tanto no solo dándole a cada noticia lo que se merece sino formando parte de ese viaje mistérico que es la evolución de las palabras. Ellas llevan dentro lo que nosotros ya hemos olvidado, pero el genio del idioma hace que seamos más exactos y tal vez más cultos cuando menos lo pretendemos. A lomos de esa extraña y poética precisión les resumo lo que esta semana he pensado del mundo: jodo petaca”.
Olga Bernat en el Periódico de Aragón (18/01/21)
En esta línea, de nuevo encuentro una referencia que abunda en este significado:
“Esta extraña expresión no tiene ninguna relación con lo que probablemente están pensando, sino que deriva de un grito de guerra del árabe andalusí: ¡Hudju bitaqah! (tómalo, a la fuerza), que a oidos castellanos sonaba algo así como /judu pitaca/. Siendo la U y la I más bajas que en castellano, en realidad sonaría como /jodo petaca/, exactamente lo mismo que seguimos diciendo hoy en algunas partes siglos después”.
«Diccionario Dialectal Peraleo» (Peraleda de la Mata, Cáceres)
Por cierto, otra curiosidad. Acudo al diccionario de la RAE (online) y mi sorpresa es que la institución ha sucumbido a “lo políticamente correcto”, al imperativo de un lenguaje inclusivo que cree que eliminando el significado elimina la misma realidad, así de cuajo, como si la lengua no fuera un guiso que precisa de una cocción muy lenta, quizás de siglos. Así que ahora “puta” para la RAE, obvia la palabra mujer, y se queda en “calificación denigratoria”, aunque después incluye la palabra en el significado conocido como sinónimo de “prostituta”. Por suerte nos quedan los diccionarios en papel, en los que una vez escrito resulta difícil eliminar contenido, salvo que arranques la página.
Una última curiosidad. Preguntando a una amiga, de origen murciano, si en su casa se utilizaba también la palabra petaca referida a puta, dice que no, que en la suya se utilizaba “Guilopa”. Pues hala, ahí queda esa. Como decía Xavi Castillo “Verigüevo”.

Hola! Jo de xicoteta feien la broma de dir tens una taca i senyalaven baix al pit i quan mirava em la mà li alsabem la barba i dèiem alsa petaca, també ting una petaca de pell que se posava el tavaco picat.
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Es una palabra que va usándose menos!
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