LOS “SOLDADOS DE SALAMINA” ERAN AZULES

Concluyo la lectura del libro “Soldados de Salamina” de Javier Cercas. Una novela-testimonio basada en la historia del fusilamiento fallido de Rafael Sánchez Mazas, el que fuera periodista, escritor, fundador de la Falange Española y ministro del “Régimen”, además de padre, entre otros, del escritor Rafael Sánchez Ferlosio (autor de “El Jarama”), al que Cercas también convierte en personaje de su relato.  La novela, con una estructura muy interesante, está escrita como la crónica de un escritor en busca de los testimonios de los protagonistas de su historia. La lectura me ha resultado un tanto sosa y repetitiva, quizás solo fruto del cansancio respecto a la omnipresente temática “guerracivilista”. 

El autor introduce en la trama como referencias de autoridad e incluso como personajes a dos autores contemporáneos: Andrés Trapiello y Roberto Bolaño. El narrador de la crónica (un periodista y escritor desalentado), cuenta su peripecia para documentarse y desentrañar la historia del no fusilamiento del falangista (hecho histórico), aunque al final y como conclusión, cambia el foco para dar el protagonismo al soldado que “presuntamente” le salvó la vida, a la vez que nos mantiene en la pregunta continua de cuánto de verdad y de mentira hay en la historia de la irrealizada ejecución.  

En el relato aparecen cuatro mujeres (no las nombro porque su papel en la obra es tan irrelevante como su nombre): una coetánea del personaje principal Sanchez Mazas, que no tiene más papel que dar de comer y rogar misericordia para sus convecinos al jerifalte falangista, un prostituta con la que uno de los protagonistas baila un pasodoble en un camping de playa, (imagino que además de prestar sus servicios), una monja directora de residencia, atractiva, pero monja a la que el mismo personajes, Miralles, no se ha atrevido a tocar el culo (aunque se muera de ganas); la hija del mismo Miralles, de la que sabemos poco más que murió y dejó un viudo; y la novia del narrador, una pitonisa televisiva que no suele ponerse bragas, y a la que el narrador pinta como si le faltaran los dos dedos de frente necesarios para una vida en armonía, aunque a la misma vez le regale el don de la diligencia y el cuidado del prójimo (dígase del narrador).

Aparece hoy en prensa, en La Vanguardia un artículo de la escritora y cineasta Laura Freixas, en el que afirma que los hombres no leen los libros que escriben las mujeres, y que eso contribuye a la invisibilización de la literatura escrita por mujeres, y a la ausencia de estas en los libros de texto. Teniendo en cuenta que las mujeres somos la inmensa mayoría lectora de libros (alrededor del 70%), la cuestión da para darle unas cuantas pensadas al tema. ¿Por qué les leemos tanto, si ellos no se toman la molestia de leernos? ¿Quizá ni de vernos?

Encuentro las pruebas de la crítica de Freixas en la lectura de “Soldados de Salamina”:  el narrador solo encuentra en su periplo histórico referentes masculinos, solo dota de personalidad a los personajes masculinos,  mientras que  la inclusión de personajes femeninos que realiza no alcanza el mínimo nivel de cutrez.  Los soldados de Salamina, como los príncipes también eran azules.  ¡Leamos pues! 

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