Retazos de «Piedad»: LA CASA

Aunque la casa de los Jordá no fuera la más grande de la calle mayor, era una de las mejores, si no la mejor.  Lo que más nos gustaba de la vivienda, más incluso que el patio en el que echábamos todas las horas que podíamos, era donde estaba plantada. No pasaba nada en la plaza del ayuntamiento, que nosotras no pudiéramos ver en primera fila como unas señoras reinas.  Eso sí, asistíamos desde los balcones de la planta alta, porque los de la primera se reservaban para los señores y los invitados que se dejaban caer al olor del acontecimiento que tocara.

Mejor ubicada imposible: en el centro, con todo a un paso, quien dice el mercado o la cooperativa dice el lavadero o la iglesia y frente a la casa roja ¡qué maravilla de casa! siempre vacía. Dicen que no ha llegado a habitarla nadie.  Como si todo el mundo pudiera permitirse el lujo de mantener cerrado un palacio así. A nosotras nos daba para morirnos de envidia e inventar historias truculentas sobre las almas abandonadas que deambulaban, muertas de aburrimiento, por ese caserón. Fantaseábamos con que un día, llegara a vivir en ella un guapo y rico viudo, venido del otro lado del mundo, y que irremediablemente acabaría fijándose en alguna de nosotras. Piedad tenía todas las papeletas para ganar en esa rifa, era la más guapa y la más agraciada de todas nosotras. También era la mayor, aunque demasiado seria para participar en nuestros juegos. Todavía caerá la casa roja antes de que nadie viva en ella.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑