VIDA ABANDONADA

Junto al contenedor de basura alguien ha abandonado un caballito cojo de cartón piedra al que le falta una oreja, la fotografía color sepia, en su marco, de un bebé cargado de lazos y una pila de novelas amarillentas vendidas por fascículos que huelen a viejo y a moho.

Quien ha dejado ahí ese montón de sobras, quizás piense que a alguien todavía le puedan interesar, o simplemente no ha reunido el valor suficiente para echar directamente al contenedor ese trozo de vida, propia o ajena, que siempre guardan las cosas.

Se hace irresistible la tentación de llevar a casa un pedazo del botín encontrado, por rancio que parezca. Así dicen que empezó Diógenes.

A la tentación le sigue la curiosidad: ¿quién sería ese niño?, ¿vivirá todavía?, ¿alguna guerra se lo llevó por delante?, ¿viajaría en busca de fortuna al otro lado del charco? ¿Quién ha aprovechado la noche para echar de casa esos pedazos de vida?

Vida abandonada.

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