Diario Vírico (9): METAMORFOSIS DEL PANIZO Y MÉDICOS CUBANOS

Medicoscubanos

Covid-19: 23-3-2020

Noveno día de confinamiento.  Llueve todo el día. Una cortina de lluvia oscurece la calle y cubre la falda del castillo. El Gobierno aprueba la ampliación del estado de alarma, y por tanto el confinamiento, por quince días más. No por esperado deja de doler.

Adelanto el número dos en mi listado de lecciones aprendidas: 2. Los tontucios, gilipollas y anómicos los tendremos siempre (y a los pobres también, claro).

La televisión muestra la llegada del contingente de médicos cubanos a Lombardía. ¡Qué maravilla que un país tan vapuleado exporte ciencia, talento, formación y calidad humana!. ¡Cada uno exporta lo que tiene y lo que produce!

Descubrí esta exportación de talento cubano en Ecuador hace algunos años. Visitaba un proyecto de cooperación en plena sierra de la zona de Jubones, (donde la “mega-diversidad” del país entra hasta por los poros y te embarra hasta las rodillas). Me presentaron a un maestro cubano que trabajaba allí para el programa cubano de alfabetización de adultos “Yo si puedo”. El “yes we can”, de Obama fue un vulgar plagio a posteriori. Aquel hombre era querido y respetado por las comunidades en las que trabajaba, porque aprendían a leer y escribir cuando pensaban que nunca podrían ni escribir su nombre. El nivel de éxito del “Yo si puedo” abruma.

Unos días más tarde, me llevaron a visitar el hospital oftalmológico de Machala, en la costa. Se trataba de un edificio de planta baja, con algunas consultas médicas y una gran sala alrededor de un mostrador redondo, rodeado de sillas blancas de plástico.  La gente, de toda clase y condición llegaba de todo el país, incluso de países limítrofes como Perú, cogían su tiket de turno, y esperaban para que ese mismo día les dieran su tratamiento o les intervinieran quirúrgicamente. El centro era reconocido por su especialización en intervención de cataratas. Los oftalmólogos, con jornadas que ocupaban todo el día de sol, eran un equipo de médicos cubanos, que estaban allí gracias al acuerdo firmado entre su país y el municipio.  Recibían a cambio comida, casa compartida y un sueldo ínfimo, que en ningún caso pagaba el inmenso servicio que realizaban.

Después, todos los pudimos ver en el Congo, Liberia, Sierra Leona…, combatiendo el mortal Ébola en primera fila, casi en solitario, cuando los demás países nos habíamos retirado y puesto a buen recaudo.

Esperemos que algún día ese gran país, que sólo ocupa una pequeña isla, encuentre parte de la ayuda y la solidaridad que ha ido esparciendo.

Hago palomitas de maíz en la olla que no llegué a quemar. Aunque parezca increíble dados mis antecedentes de cocinitas, es mi primera vez. Preciosa la metamorfosis del panizo (mis mayores nunca dijeron maíz): lo tiene todo: olor, vista, sonido, sabor, y el posterior tacto.

A las ocho de la tarde, nuevamente toca sesión de himnos silenciadores de aplausos a todo volumen. En esta ocasión han tenido piedad y sólo ha sonado uno: el de “tots a una veu germans vingau”.

Película. Pan tostado con sal y aceite de oliva. Lectura. ¡Día vivido, día disfrutado!

#QUÉDATE EN CASA. ¡Todo irá bien! > ¡Vamos a poder! > ¡Todo Pasa! > ¡Saldremos de esta!… pero no todos.

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