LA CASA

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Ejercicio de escritura circular “A foc seguit”

La casa estaba arruinada, cerradas puertas y ventanas, sin nadie que la cuide y la habite, sin nadie porque ya todos han marchado, han dejado de trabajar las tierras y los campo están en barbecho, secos, sin frutos y sin verde, sin nadie que acuda allí, sin que nadie la recuerde ni la visite, sin que los que la heredaron tengan la menor intención de mantenerla en pie porque ellos no vivieron allí, porque en aquella casa sólo vivieron los pobres trabajadores que trabajaban los campos y ofrecían tributo al señor.  Se habían marchado los niños que rompían el silencio en la casa y exploraban los bancales y el pinar buscando los nidos repletos de tordos con pelusa que habían caído de las copas, los niños que en la tarde saltaban del ribazo al árbol de las cucharas, levantando los brazos como si estos fueran afiladas espadas y el árbol un barco pirata a punto del abordaje, mientras los trabajadores en plena cosecha descargaban del remolque los cajones de manzanas que unas horas antes colgaban de unos árboles que entonces parecían inmensos, y ahora esperaban el camión de Pepe el asentador de fruta que las llevaba a viajar por el mundo, porque el mundo allí era tan reducido que hasta las manzanas se querían marchar, aunque los niños vivían el embalse como embarcadero, el pinar como escondite y las casas cercanas como pueblos lejanos a los que resultaba difícil llegar. Marcharon los niños que jugaban con el gato, que se les subía hasta la cabeza y que lloraron aquel día en que el panadero lo atropelló  y como lloraron ya no volvieron a tener gato, ni perro, ni nada porque eso eran cosas de ricos y en el campo no se podía estar tonteando, porque el trabajo era para todos y siempre había algo que hacer, y no se podía perder el tiempo, porque también los niños eran un trabajo, y entre ellos se cuidaban, jugaban, se peleaban, y eran una carga más, como los cajones de manzanas, la recogida de las almendras, el frio entre las lonas repletas de olivas.  Marcharon los niños que también eran  la alegría como las cerezas colgadas en las orejas a modo de pendientes en las tardes de verano.

Foto: Pas Nou (Castalla)

8/05/2016

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