Palabros: CAFRE

El señor de la barba se llama José María Sánchez, y es diputado español de un partido que empieza por V y acaba por X, muy mucho de ultraderecha y de derecho. En las imágenes del suceso se puede ver, que el señor, viendo que el Vicepresidente de las Cortes (ejerciendo de 3ª autoridad del país en ese momento) no le atendía como sus santos huevos consideraban oportuno, decidió subirse a la tribuna de la presidencia de la institución y explicarle el asunto al susodicho a diez centímetros de la cara, porque posiblemente pensaba que el hombre era sordo, y en actitud de tu no sabes con quién te la juegas, y con dos sopapos te lo explico.

La cosa no pasaría de ser una escena de Berlanga, más o menos graciosa si este señoro, no fuera diputado. A estas alturas, el sujeto tendría que saber que las prerrogativas asignadas a su cargo (muchas, además del sueldo, como el aforamiento), le exigen como contrapartida el respeto, el decoro y la sujeción a las normas de la institución a la que pertenece. Tampoco tendría que perder de vista, que a los diputados se les exige que nos representen a través de la palabra, porque para matarnos a garrotazos, ya nos servimos solos.

El encontronazo quedaría en anécdota si además de diputado el tipo no fuera doctor en derecho y juez, nada menos que del Tribunal Supremo de Madrid (en excedencia, porque, las dos cosas a la vez no pueden ser, oficialmente al menos).  El tipo no puede alegar desconocimiento, ni de la letra ni del espíritu de los rudimentos que rigen los mecanismos de la representación popular en democracia.

Casi mejor de diputado que de juez, que ahí, sentado en su estrado, no le tose ni Dios. Lo de diputado tiene remedio: con no votarle suficiente. Lo de juez está peor: sólo el tiempo lo desalojará de su púlpito. Se supone que a un juez se le exige equilibrio (sobre todo mental), como a la balanza que sostiene la justicia, algo de mesura, unos gramos al menos.

Viendo la imagen, me vino al pensamiento la palabra “cafre”, que mis mayores usaban cuando de alguien se quería decir que era algo más que tonto y animal.  Estas son las acepciones que describe el Diccionario de la RAE.

  1. Adj. Habitante de Cafrería, antigua colonia inglesa de Sudáfrica.
  2. Adj. Perteneciente o relativo a la Cafrería o a los cafres.
  3. Adj. Coloq. Bárbaro y cruel  (Sin.: bárbaro, bestia, animal, bruto, cruel, atroz, rudo, brusco, grosero, salvaje)
  4. Adj. Coloq. Zafio y rústico

Creo que la palabra “cafre” describe a la perfección al personaje en su asalto a la tribuna parlamentaria. Sus gestos, sus voces, su comportamiento es más propio de un cafre que de un representante político. Juzguen ustedes mismos si el vocablo se ajusta al personaje.

Confieso que la actitud que mostró el Vicepresidente de las Cortes (Alfonso Rodríguez de Celis) me conforta:  frente al matonismo, solo cabe indicar la salida.  Qué falta nos hace algo de educación para la ciudadanía. Pero ese ya es otro tema.

«La civilización consiste en aquellos hábitos que hay que aprender para llevarnos bien unos con otros» Citado por Victoria Camps en «La sociedad de la desconfianza».

Nota: Siento no conocer la autoría de la foto.

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