LAS ABUELAS / LES IAIES desde la EPA

Escriben sobre sus abuelas un puñado de mujeres alumnas de EPA (Escuela para Personas Adultas). Van a la escuela a estudiar lo que no estudiaron de niñas, o quizás solo a disfrutar de un rato de compañía, de asomarse a la calle y al mundo.

Bucean entre sus recuerdos, entre los cuatro papeles antiguos que les quedan por los cajones de casa, entre las cuatro historias que escucharon en familia. Recorren sus propios pasos caminando hacia atrás, volviendo los ojos a su propio pasado, para averiguar sobre la vida de sus abuelas, para averiguar algo más sobre ellas mismas. Y escriben para compartir.

El resultado son doce relatos que son doce historias de vida. Escriben de otro tiempo, no tan lejano como parece, de un tiempo que ya no es, pero que llevan tatuado; un tiempo del que siguen, y seguimos, siendo tributarias/os (marco aquí el masculino y femenino para hacer constar que no hablamos solo de mujeres) aun sin saberlo o sin quererlo reconocer. Antes de que el tiempo y el olvido difumine del todo el color sepia de los retratos.

En sus escritos cuentan sobre sus abuelas.  Hablan de tiempos en los que el vestir de luto era tan eterno como la propia muerte.  Un “requiestcat in pace”, un “te acompaño en el sentimiento” sucedía a otro y el negro, casi como la propia pena, lo vestía todo. A modo de designio irrefutable, una pérdida sucedía a otra, y con cada una de ellas la vida se oscurecía un poco más. Hablan de mujeres que mueren al parir hijos, de “angelitos al cielo” y “albats” de muertes demasiado prematuras, inesperadas, inevitables.

Hablan del delantal como uniforme de trabajo y necesaria defensa para proteger las prendas de ropa de quita y pon. No conocían todavía “el fondo de armario” ni estaba ni se le esperaba. Hablan de malta compartida, porque el café era demasiado caro, casi un producto de lujo; de lavar y planchar la ropa que nunca vas a poder vestir, la ropa de otros; de trabajar en lo que salga, de la guerra y sus consecuencias, de sus obligados silencios. Hablan de cuidar a los mayores, a todos los mayores de la familia y a todo lo frágil que se cruzara en su camino; de madres de leche y “tías Tulas” que cuidan de los hijos de las hermanas muertas, de matrimonios entre cuñados; de servir en casas ajenas; de pelo largo peinado mil veces con pinta y recogido en moño; de pan muchas veces compartido, de abusos, de solidaridad entre vecinas. Narran historias de personas que dejan atrás sus raíces para labrarse una vida. Cuentan de los secretos familiares y de los silencios con los que acabaron abonando la tierra.

Queda espacio en los escritos para recoger aprendizajes, cariño y amor a espuertas, para contar que algunas aprendieron las cuatro letras para escribir y leer las cartas de hijos y nietos; para referir olores y sabores, meriendas y platos que ya no saben igual.  

Rastrean en raíces, recuerdos y afectos. 

Mi reconocimiento a l’Alumnat Educació de Base de la EPA de Canals. Curs 2023-2024, por su lectura de “Piedad”, por bucear en sus raíces a partir de ella.

Ojalá todas las lecturas sean tan fructíferas.

En la foto, mis abuelos paternos, Antonio y Josefa. Solo la conocí a ella, una mujer pulcra en todos los aspectos, valiente y generosa.

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