MicroRelato: TODA UNA VIDA

La casa está ordenada. Las rutinas ocupan tiempo y espacio. Mejor así, dicen.

Ella está sentada a su mesa de costura. Sostiene entre las manos un trozo de tela en el que marca un pliegue tras otro, de la misma medida, idénticos. Podría plisar con los ojos cerrados.

Él se mueve alrededor de ella, cual gato que ronronea y busca el roce y el olor para confirmar la presencia.

En la radio un bolero suena a algodón dulce, a noches de baile y de verbena, a futuro: “toda una vida, me estaría contigo, no me importa en qué forma, ni dónde ni cómo, pero junto a ti. Toda una vida…”

Ella levanta la mirada y encuentra en la de su marido dos estrellas pícaras. Él tira de ella para acomodarla en el hueco de sus brazos. Se besan. Bailan durante tres minutos eternos.

Un “¡suelta zalamero!, la clienta está a punto de llegar” rompe el encanto.
Con un gesto galante aparta la silla para que ella pueda volver a su mesa de costura.

Se sienta de nuevo, y sigue doblando unos pliegues que se deshacen en sus manos, uno tras otro, en un movimiento sin fin.

21 de septiembre. Día internacional del #Alzheimer.

Foto: Ana Martínez.

A propósito del relato, la amiga Ana M. me envía la fotografía de sus padres bailando. «Les encantaba bailar» me dice. Me parece una preciosidad la foto (aunque no tenga demasiada calidad) y sobre todo el recuerdo. Cuanta vida guardan las fotografías antiguas. Pido permiso para colgarla en este blog, y me regalan el uso. Y cambio la que inicialmente acompañaba al microrelato.

Otra amiga, Toñi G. me habla de la canción que recoge el relato «Toda una vida» . Decido incluir aquí el vínculo, porque quizás la mejor manera de leer el relato es escuchando la canción a la misma vez

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