FotoRelato: ESTIMAOCELLS

A modo de fábula…

Unos tipos raros han ocupado un bancal a escasas dos curvas del pueblo. Visten de trapillo, con colorines, desordenados, sin combinación ninguna.  Protegen su cabeza del sol y del aire con unas cajas de madera que más parecen cascos que sombreros. “Estimaocells” reza el cartel que han clavado en un árbol para que, desde la carretera, se vean bien sus intenciones. Permanecen ahí, quietos, día y noche, con los brazos extendidos como si pretendieran abrazar el aire. No se mueven, no se relacionan entre sí, no hablan, solo esperan y respetan el silencio.

Los pájaros de la zona se han instalado en los campos cercanos. La presencia de los recién llegados ha corrido de pico en pico. No ha quedado un plumífero sin avisar.  Los volátiles hacen guardia permanente y ruidosa encaramados en las escuálidas ramas de almendros y frutales. De vez en cuando, los córvidos más atrevidos, se lanzan en vuelo rasante sobre los forasteros; planean sobre ellos con una mezcla de curiosidad y provocación. Algún que otro gamberro, en una prueba de puntería, deja caer un excremento sobre los visitantes; el acierto desata el aleteo desenfrenado y victorioso entre la concurrencia.  

Acompañan a los visitantes una multitud de insectos y bichejos de toda clase y condición. Zumban y se cuelan entretenidos por todos los huecos que dejan las ropas raídas, y ya casi sin color de los extraños.

Los pájaros desatienden sus labores de vigilancia por el exceso de pitanza. Algunos descuidados han sido vistos  columpiándose o dejándose arrullar en el abrazo de los extraños.  

Suerte que algunos pájaros todavía recuerdan cuando llegaron esos forasteros a la curva de su pueblo:  –Vaya tipos raros, no nos confiemos –graznan.

Fotografía: Vallbona de les Monges (Tarragona) 13-01-2024

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