Reseña: MATÈRIA DE BRETANYA

Altea

Carmelina Sánchez Cutillas. Eliseu Climent Editor, Valencia 1980.

A veces pasa que te recomiendan un libro, te lo prestan, lo miras y no te dice nada.  Si además se trata de una edición antigua que amarillean a base de años, piensas que al abrirlo sólo saldrá polvo, y si además no está escrito en la lengua en la que habitualmente lees, el libro acaba pasando al último puesto en la pila de los  “pendientes de leer”.  Lo miras, lo dejas, vuelve   a la base del montón y no te decides nunca a leerlo.  Pasa a dormir el sueño de los libros a la espera de un momento de decisión que lo saque del olvido.

Y llega un día que piensas que en algún momento tendrás que devolverlo y te da vergüenza reconocer que no lo has leído, máxime porque llegó recomendado, y no por cualquiera. Piensas que es el momento, ¡ya no hay excusa!, empiezas a leer, y sientes que acabas de descubrir un inmenso tesoro.

Y te sumerges en las memorias de infancia de la autora vividas en Altea y contadas desde la mirada de la niña que fue, con un lenguaje poético precioso capaz de transmitir la luz evocadora de la Marina.

Una mirada tierna y veraz que por desnuda, retrata paisaje, costumbres, personas, relaciones y dinámicas sociales en un tiempo y en un lugar en el que todo aparecía confrontado y en tensión: pobres y ricos, pescadores y labradores,  derecha e izquierda, abajo y arriba, señores y criados, niñas con muñecas y niños con hambre.  Y la ternura impregnándolo todo.

Y acabas el libro con nostalgia, no sé si por el deseo de leerlo de nuevo o por regresar a Altea, a la Olla, al sonido del arrastre de piedras en la orilla, al color reventón de las buganvillas, a las calles empinadas, a la playa empedrada, a la mirada agazapada del Bernia, a los nísperos, a la casa del conde,  al olor a mar, a las risas, al juego.  ¡Ay Altea!, difícil no retomar el canto: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas”.

Matèria de Bretanya, de Carmelina Sánchez Cutillas, se publica en 1975,  y obtiene el primer Premio Andrómina. Es ya un libro clásico e histórico para las letras valencianas.

Una joya oculta en una edición amarilla.  ¡Gracias Xavier!!

19/10/2017

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