CITA A CIEGAS

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Casi he perdido la cuenta de cuantas citas a ciegas me han organizado los amigos, y siguen sin rendirse pese a los pésimos resultados conseguidos. No sé si lo hacen por mí, por ellos, o por los pobres incautos a los que les prometen un reto a la altura de su propio ego.

Por mí no creo que lo hagan. Saben perfectamente que no tengo ningún interés en abandonar la soltería, ni en tener sexo esporádico, ni mucho menos en iniciar la búsqueda del santo grial del amor romántico.   Como buena aficionada a la copla, se que no hay triunfo sin rendición, y yo no tengo intención alguna de abatir las almenas de mi castillo.

Entiendo que para ellos no es cómoda mi soltería, siempre soy el pico que sobra, en todas las cuadraturas posibles, es lo que tiene empecinarse en mantener la cuadrilla cuando la vida ya le ha impuesto a la mayoría el apareamiento como modus vivendi. Quizás están tardando en asumir que tienen un eslabón perdido en el grupo. Lo curioso es que yo ceda una vez más. En fin…

A lo mejor es verdad que me queda un poquitín desbocado el escote. No le quita la vista de encima. Lo intenta, pero no lo consigue el pobre. Avisado está de que en la primera cita no hay sexo. Y como lo habitual es no repetir… se tendrá que conformar con lo que vea de escote.

El restaurante es precioso. No tiene mal ojo para la comida, todo hay que decirlo. Está todo rico, escaso, pero buenísimo. El vino nos va a costar un pico. Se podía haber cortado un poco, y pedir algo más modesto, pero no, venga, que maride ¡viva el sumiller!. No pienso dejar una gota en la botella, aunque me tengan que sacar a rastras.

De conversación va un tanto flojo, no sé si intenta mantener una conversación o desplegar un muestrario de venta:  que si soy abogado y trabajo en una multinacional, que si me gustaría encontrar pareja, pero todavía no me agobia el asunto, que si me encanta la playa, que si no te apetecería hacer un viajecito conmigo, que si tengo un apartamentito en la playa. Me temo que a los postres llegará el tercer grado, y me tocará a mi repetir una vez más las mismas respuestas de siempre: tuve pareja estable unos años, no estoy buscando pareja, el sexo no es tan importante, no tengo un perfil de chico definido.

Feo no es, al contrario, tira a guapo, muy guapo, me gusta, tiene un no se qué. Hasta podría saltarme la norma por una vez. ¡Quieta María, que las normas están para cumplirlas, te las saltas una vez y te las saltas todas!. Se nota que se cuida, rasuradito, patillas bien perfiladas, y las uñas, ¡qué uñas! ya las quisiera yo para mí, qué manos. Con la corbata no ha acertado el color. Todo lo demás perfecto, de marca buena. Y todavía no ha sacado el teléfono.

¡Ay amor deja el balcón abierto del corazón!.  ¡María deja el vino que te pierdes!.

– ¿Te sirvo un poco más de vino?, este es muy bueno, un Chardoné con seis meses en barrica, marida muy bien con la carne y la verdura.

Una copa, una botella ¿por qué no?.

28-11-2017

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