EXPERIENCIA DE HOSPITAL

foto Hospital

Llegamos a la habitación asignada.  Dentro hay una señora mayor que se prepara para marchar. Sus dos hijas saludan y atienden solícitas a la madre. Hay un tono cordial, cariñoso. Intercambian dos o tres informaciones.  La señora come.  Se despiden.

Yo me quedo.

Día siguiente. Ocho de la mañana. Llega una señora a la habitación. La acompaña su hija, su marido y una amiga recauchutada de botox. Los cuatro hablan a la vez.

A la señora no le gusta la habitación asignada.  Prefiere el lado contrario. La hija va a ver si hay otra habitación libre. Propone llamar a una amiga que pueda solucionar el problema. Hablan todos a la vez. La amiga del botox inspecciona la habitación

La señora se acerca, se apoya en mi cama, y nos interroga:  lugar de origen, intervención realizada, parentesco.  Vuelve a su cama descolocada por  la parquedad en las respuestas. Sigue exhibiendo su verborrea con voz de flauta afónica

Entra el hijo.  Arranca a contar de forma compulsiva sus intervenciones quirúrgicas y sus experiencias hospitalarias. Es un experto.

La señora, habla y reza, nos pide a todos que recemos.  Ha colocado ya varias estampitas.

Entra la hija.  Parece que no hay solución a lo de la habitación. Intenta tranquilizar a la madre: “mamá aquí también se ve un poquito de verde”.

Entra el cirujano, informa a la señora. Todos quedamos enterados.

La señora acelera el parloteo. Su intervención amenaza con ser la más compleja jamás realizada.

Entra el hermano de la señora. Escucha el acelerado parloteo de su sobrino y de su hermana.  El tío invita a salir de la habitación al hijo de la señora.  El problema no es tan grave, él ha superado el suyo.

Regresa la hija de explorar habitaciones. No consigue contactar con la amiga que les iba a cambiar la habitación.  Se acerca a mi cama y nos interroga de nuevo. Le interesan los mismos temas que a la madre.

Entra el personal sanitario. Encuentran dificultad para encontrarle la vía. La señora acelera el parloteo, pide rezos a diestro y siniestro, y empieza a recitar oraciones. Alguien le hace coro. Pide que le coloquen las estampitas de la “Mare de Deu” en la cama para entrar a quirófano. Una enfermera le advierte de que la “Mare de Deu” no puede entrar a quirófano.

El personal sanitario consigue colocar la vía. Respiran aliviados. Salen.

Entran todos otra vez: el hijo, la hija, la amiga del botox, el hermano. Entra también el celador que viene a llevarse a la señora.  ¿Dónde está ahora su marido?.  Salen en tropel en procesión tras la cama. La señora parlotea y reza y llama al marido.

El silencio entra  como elefante en cacharrería.

Yo ya me he despertado del todo y sigo buscando la cámara oculta.
Me dan el alta. Respiro aliviada. No me espero a comer. Nos vamos antes de que vuelvan.

16/07/2015

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