
Capirote oscuro. Me identifica, me define, soy yo en esencia, en estado puro.
La cofradía me la eligió mi mujer, la Paqui, pero por una vez acertó de pleno: hato y cofrade somos una misma cosa.
Oscuro, casi negro. Triste de pies a cabeza, silencioso, anónimo, moviéndome al albur de otra voluntad, siguiendo la hilera a ritmo de repique seco de tambor. Tea en mano, preparada para prenderme fuego en cualquier momento, cuando tenga la fuerza y las agallas suficientes.
Vamos para casa Manolo, ya has procesionado suficiente. Es su manera de decirme que ya he hecho el ridículo suficiente.
A tres pasos de distancia sigo a la Paqui, sin perder el ritmo de su paso. Acelera, acelero. Para, me paro. Me niego a quitarme el capirote. ¡Qué hombre, señor, Qué hombre!
Que bueno si pudiera vivir así todo el año, capirote y comparsa, sin pensar, mirando sin ser visto, sin decidir, gregario, anónimo, tapado.
Más tonto que capirote decían, ¡qué sabrán ellos!
Foto: SoniaSmallphoto

Deja un comentario