
Soberanos de nuestras vidas, atrapemos los momentos que nos hablan de lo bueno, de lo que vale la pena, de compartir, de celebrar, de querernos.
Depongamos las armas, firmemos treguas y armisticios, cesemos en nuestras batallas.
Miremos con ternura al que cruza sus pasos con los nuestros.
Aplacemos por unos minutos nuestros duelos.
Silenciemos ruidos y estruendos, callemos a los duendes justicieros.
Descansemos.
Vengan los dulces, las mesas repletas, las sillas apretujadas, los sabores que hablan de manos generosas que cocinan y de memoria.
Celebremos el exceso por un día, seamos conscientes del privilegio, disfrutemos.
Prendamos nuestras luces (las de adentro y las de afuera).
Contra la desidia y el cansancio, montemos nacimientos, árboles de navidad, vistámoslo todo de fiesta.
Felicitemos a prójimos y lejanos como resistencia a los malos vientos.
Pongamos boca abajo las pantallas, las redes, las plataformas, mirémonos a la cara y hablemos.
Dejemos descansar furgonetas, carteros y repartidores. ¡Regalémonos tiempo!
¡Suene la música! ¡¡Cantemos a pleno pulmón! ¡Bailemos hasta rompernos!¡Riamos!¡Juguemos!
Saquemos a pasear al niño que todavía llevamos dentro.
Dejemos abierta una rendija a la suerte, a la providencia, quizás al destino.
Atisbemos un horizonte nuevo, un camino nuevo.
Honremos con nuestra alegría a los que ya marcharon, con nuestra esperanza a los que llegan.
Llenemos nuestras almas y BRINDEMOS por los que estamos, por los que dejaron su silla vacía, por los que queremos, por los que añoramos. Porque siempre hay algo que nos une, y alguien que nos reúne. ¡¡Salud!!
¡BON NADAL!

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