
Gioconda Belly. Círculo de lectores.
¿Quién no ha oído alguna vez que Adán y Eva fueron, según el libro del Génesis, nuestros primeros padres? ¿Qué más se puede contar a propósito del mito?
Hay que ser muy atrevida para versionar el relato bíblico de Adán y Eva, tan archiconocido y tan cargado de creencia. Hay que ser atrevida para asumir que el propio relato puede disuadir a los potenciales lectores de iniciar la lectura. Gioconda Belli se atreve y le sale bien, muy bien.
Muchos conocimos a Adán y Eva en nuestra más tierna infancia. Nos contaron que eran “nuestros primeros padres”, y que estrenaron el principio de casi todo, según el génesis bíblico. Dos pobres inocentones, que, movidos por la soberbia en forma de serpiente, se atrevieron a desobedecer a su creador y acabaron comiendo del árbol del bien y del mal. Y con el bocado a la manzana “se jodió el invento”.
Soy de la opinión de que cualquier versión que no mejore o aporte algo al original es completamente prescindible. Lo aplico especialmente a la música, pero el criterio puede servir para cualquier ámbito artístico, y para la vida en general.
El libro de Gioconda Belli “El infinito en la palma de la mano”, no deja de ser la historia de Adán y Eva, pero contada desde otra mirada, desde otro tiempo, de otra manera.
Un relato divertido que desmitifica mito y fábula, que convierte el libro de los orígenes en cuento. Las aventuras de Adán y Eva desprovistos de la protección de la divinidad, enfrentándose a su propia humanidad.
Una lectura fresca, divertida y más que interesante. ¿Y si las cosas no fueron como nos las contaron?
Al hilo de este libro, quiero recordar un librito de Mark Twain “Diarios de Adán y Eva” que también vale la pena leer. Diarios cargados de humor ácido y ternura. También otra manera de leer esa primera historia, esa primera relación de pareja que nunca fue un camino de rosas.



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