DESPUÉS DEL CÁNCER

Otro 4 de febrero, otro Día Mundial contra el Cáncer. Para mí van 10. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, y del cáncer (y sus efectos) cuando nos lo recuerdan, o peor, cuando nos planta cara, a nosotros o a uno de los nuestros. Entonces sí, parece que nos rodea y lo vemos por todos lados. Quizás la mirada cambia.

La confianza (métase aquí el sistema sanitario), las circunstancias (posibilidad de mantener una vida digna: económica, social), y la compañía (los afectos) con la que afrontamos la enfermedad lo son todo (aunque no dependa de ello la sanación), para bien y para mal. Vivir y morir con dignidad es la meta.

Este año la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) nos quiere hacer caer en la cuenta del impacto que sufren muchas personas en su vida laboral aun habiendo superado la enfermedad: desde despidos, a difícil, cuando no imposible, inserción laboral.  “Por unos cuidados más justos” es el lema de este año.

Y estos días no consigo sacarme de la cabeza la película de J.A. Bayona “La Sociedad de la nieve”, y el programa con la entrevista de Jordi Évole, “los Struch”. La historia creo que es conocida por todos: un avión se estrella en la cordillera de los Andes, llevando a bordo a un equipo de jóvenes deportistas uruguayos. Para sobrevivir antes de que los rescaten, tendrán que comer la carne de los compañeros fallecidos, rompiendo uno de los tabús sagrados de nuestra civilización: la antropofagia. El objetivo era sobrevivir, y sobrevivir juntos los que habían quedado con vida.

Pero cuando estas personas regresaron se dieron cuenta de que no solo tenían que afrontar el reto de rehacer su vida con la mochila que la montaña les había echado a la espalda, también tenían que enfrentarse al rechazo social, a la incomprensión, y a la eterna culpa de haber cruzado línea roja del tabú… y a ellos mismos.

Después de muchos años, la película y el programa mencionado, más allá del episodio antropofágico, nos hablan del tesón, el coraje, la fuerza, y la dignidad, con las que esos muchachos enfrentaron su destino. Sobrevivieron juntos.

Y no puedo dejar de hacer el paralelismo con las muchísimas personas que cada día superan el cáncer, con la misma dignidad y coraje que los muchachos pusieron en la montaña: VIVEN. No es moco de pavo vivir un tratamiento, a ningún nivel, ni físico, ni emocional, ni social; te machaca el cuerpo y el alma, y te cambia, a ti y a tu alrededor. Te obliga a rehacer tu vida, que ya no es la de antes.

Quizás superar un cáncer no tenga la épica de la historia de los muchachos en la cordillera, pero desde luego exige la misma fuerza, (si no más, dirán algunos) y merece el mismo respeto y reconocimiento.  Y entonces estas personas, no solo tienen que volver a su vida, con sus secuelas y sus miedos, también tienen que enfrentar los palos en las ruedas que van a encontrar en el mundo laboral (y en otros mundos no muy lejanos).  Sobrevivir, pero que una vez sobrevividos, la vida no se ponga tan cuesta arriba que no valga la pena vivirla. Sobrevivamos juntos. “Por unos cuidados más justos”. 

Valga de homenaje a todos los profesionales sanitarios de la Oncología, en especial a los del Hospital Lluis Alcanyis de Xàtiva

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