VENENO

veneno

Basado en una historia real.

¿Qué por qué no dije nada? No, no fue porque me sintiera amenazada  o tuviera miedo. A decir verdad, en ningún momento pensé que ellas supieran que yo estaba al tanto.  ¿Qué miedo iba a tener?. Fue otra cosa. Me fui liando, me compliqué yo sola. Espera un día, a ver qué hacen, espera otro a ver qué pasa, déjalas a ver hasta dónde son capaces de llegar. Y acabé dejando que pasara todo, por curiosidad, por el gusto de vivir algo diferente al aburrimiento de vida que llevo ¿me entienden?.

Al principio no supe qué hacer, ¿a quien contarle lo que estaba viendo y lo que pensaba? ¿Quién me iba a creer a mi?¿a la que muchos ni ven por los pasillos aunque les pasé el cepillo por los pies?. Te acostumbras a ser invisible, y acabas creyendo que lo eres. Dejas que las cosas pasen a tu lado, porque es como si no estuvieras.

Después, quería saber  si eran capaces de llegar hasta el final, cómo acabaría todo. Estaba feliz de ser por una vez, la única que sabía más que nadie.

No me costó demasiado verlo.  Cuando eres tan invisible, te mueves por todos los rincones, sin que los demás se den cuenta de que estás ahí. Han sido meses.  Fue cuestión de estar atenta y atar cabos.  Al principio tampoco yo caí. Es normal que la gente traiga su comida y la deje en la nevera. Entran y salen en las horas libres y en el recreo, a coger algo para matar el hambre. Todo está junto, no es difícil tocar lo del otro.  ¿Quién iba a pensar lo que estaban haciendo?

Un día las vi discutir en la calle, pasé a su lado, pero ellas no se dieron cuenta. Hablaban de que no podían ir muy rápido.  Fina era la que parecía llevar la voz cantante. Reñía a Carmen, le decía algo como que se lo tenía que haber pensado antes, que ahora no podía abandonar.

Hasta ahí todo normal, esas  tres siempre han sido especiales: llevan toda la vida en el centro, con plaza fija, son del pueblo, bien casadas, y no se juntan con nadie. Miran a todo el mundo por encima del hombro, también a la Pepa. Yo creo que no le perdonaban que fuera ella la directora. En el pueblo se conoce todo el mundo, y ¡las clases son las clases!.

Pero entonces empezó lo de la enfermedad de Pepa. Al principio, eran molestias sin demasiada importancia, que le dolía la barriga, que todo le sentaba mal, que no tenía fuerzas… empezó a fallar en el trabajo algunos días, no se encontraba bien….

Entonces fue cuando caí en la cuenta. Las vigilé. Yo sabía lo que estaban haciendo. ¿de verdad pensaban llegar hasta el final?.

Claro que me daba pena Pepa,  veía cómo se estropeaba semana a semana, cómo enfermaba, hasta que cogió la baja. Se recuperó, volvió al centro y volvió a enfermar. No sé cómo fueron tan tontas para seguir en lo mismo ¿pensarían que no las iban a pillar?.

Me gustaba la sensación de pensar que por una vez, yo sabía más que todos los que estaban allí ¡tan listos ellos!. Era la única que sabía todo lo que estaba pasando. Es divertido ser como Dios: ver sin que te vean, poder cambiarlo todo y no hacerlo. Así me siento ¡como Dios!  No me arrepiento.

11/01/2018

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