PESCADOR SUFRIENTE

Pescador.jpg

Ejercicio: una misma historia, la de un pescador, contada con diferentes voces.  


3ª persona (objetivo)

Xavier no ha vuelto a ser el mismo desde el naufragio, ya no sale con la cuadrilla y evita la compañía.   Desde aquella noche, parece que huya de todo el mundo.  La mar se puso mala, y el viejo barco no pudo resistir las embestidas.  Se partió por la mitad, como se partió en un antes y un después la vida de los pocos marineros que logaron sobrevivir.   Dijeron que no fue su culpa, pero culpa es lo único que siente al hacerse a la mar.

El viejo motor ronronea, mientras parece escapar de una pequeña bandada de gaviotas que le sigue como cola de cometa.

Navega solo y pesca solo, huyendo de cualquier relación que pueda recordarle su pérdida. Eran sus hombres, confiaban en él y él no pudo llevarlos a puerto.

Al amanecer sale con su bote buscando refugio en cualquier recodo de la costa.  No ha vuelto a salir a mar abierta,  no se aleja de la orilla,   no atisba a comprender si es odio o miedo lo que siente por esa mar asesina.

Su objetivo son las doradas. Es el pescado más fácil de atrapar y de vender.  Le basta con pagar: cubrir los gastos del bote y sacar algo para vivir.

Lanza la red y espera que los peces vayan entrando. Así una y otra vez, sin prisa, disfrutando del ritual con el que se confunde su vida.   Triste. La pesca ya sólo es pesca.

1ª persona.

Tendría que hacerle caso a María y vender el bote. No lo necesito para vivir. Salir a la mar sólo me sirve ya para echarme más sal en la herida.  ¿Cómo decirle que fuera del mar me ahogo?.  El rato de pesca es lo único que me mantiene sereno.

Ni yo mismo me veo echando la red  cerca de la roca para coger cuatro doradas y cuatro pulpos despistados.  La barca y la costa dan para lo que dan. Nunca he tenido paciencia para la caña, ni para manejar los cebos.  Con estas manazas, más caen al agua que acaban insertados en el anzuelo. Doy gracias si no acabo rodando, no me acostumbro a este espacio tan pequeño.

Quizás hoy tenga suerte con la gamba.

Diálogos

–      Xavier, buen día, ¿Cómo llevas la mañana? ¿Consigues engañar a las doradas?. Anda, coge el cabo que acerque un poco la barca.

–       Hola Mauro, aquí voy.  No se me ha dado mal. En una hora más me voy para casa.   Hoy hay más pulpo que dorada, y parece que va a llover. No quiero que me pille la ventisca.

–       ¿Cómo te aclaras con el manejo de la red?

–       No es lo mío, ya lo sabes,  pero le voy pillando el tranquillo.

–       Nosotros salimos a sacar los últimos bonitos de la temporada. Después vamos a celebrarlo en la cantina del puerto.  ¿Por qué no vienes?, anda anímate.

–       No Mauro, te lo agradezco, pero no tengo el cuerpo para celebraciones.

–       ¿Hasta cuando vas a estar así Xavier?

–       Hasta siempre.

–       ¿Crees que por mucho que eches la red les vas a devolver la vida?.

–       Me conformo con que la red me sostenga a mi.

5/05/2017

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