EL ANUNCIO

Museocera

Una historia con el museo de cera como  pretexto

Ya me lo decía mi padre: “estudia”, “hazte un hombre de provecho y no te faltara trabajo ni dinero”.  Acertó de pleno el pobre. Cincuenta y seis años,  veinticuatro en una buena empresa, buen sueldo, buen trabajo. Y llega un ERE, y te deja con el culo al aire, y la cara de imbécil de no saber por dónde te ha llegado la bofetada. Tu puesto lo ocupa un niño mucho más joven que tú y por un sueldo que nada tiene que ver con el tuyo.   ¡Pues no estaba acertado mi padre!. Si levantara la cabeza le daba un síncope.

– ¿Qué tiene de malo este trabajo?

– No tiene nada malo Manuel, pero tienes que reconocer que normal no es.

– Normal o anormal ¿qué importa?.  Cualquier trabajo es bueno cuando los pagos apremian. La pena es que no dure más.

En el fondo, evita decirle a María que está encantado con su nuevo trabajo.  De forma casual, cuando ya ni se lo planteaba, tiene la oportunidad de hacer teatro. Peculiar, pero teatro. Esa vocación suya tan lejana y tan tonta que su padre decía que no le daría de comer.  No se lo reprochaba.  En aquellos tiempos, ser actor era lo más parecido a ser hipie y pasar hambre.

No fue mala idea responder al anuncio de casting que encontró entre las ofertas de empleo en las que todos los días buscaba su tabla de salvación.  Claro y conciso, despertó su interés:  “Pruebas para seleccionar varones, de entre 40 y 55 años, de aspecto físico y rasgos faciales anodinos.  Cualidades para la interpretación.  No se requiere experiencia previa.  Horario de trabajo:  martes a domingo de 9.45 a 14,00 y de 4,00 a  20,15 horas.  Contrato de tres meses. 1.500 € brutos. Teléfono de contacto 6702040. Absténgase curiosos”.  No esperó a llegar a casa. Allí mismo marcó aquel teléfono, y se inscribió  en las pruebas de selección.

El nuevo gerente del museo de cera, ha iniciado un ambicioso  programa para restaurar y actualizar las figuras del mismo, empezando por los personajes masculinos históricos.  Para no mermar ingresos, se sustituirán las figuras de cera, por figurantes, que durante el horario de apertura permanezcan inmóviles de modo que el público no pueda detectar la diferencia. Con esta iniciativa, el gestor se asegura mantener todos los personajes a la vez que la reducción de costes, dado que el salario de los figurantes es significativamente inferior al importe de la compra de las figuras de sustitución y el moldeado de las mismas.  El área artística del museo, ha seleccionado cinco varones, que por sus características físicas, mediante un simple proceso diario de maquillaje y el vestuario adecuado, encarnarán a los personajes históricos según estos vayan pasando al taller de restauración.  Se prevé que el proceso no se alargue más de tres meses.

La clave es meterte en el personaje y quedarte quieto, no moverte, no pensar, sentirte muerto. Son las diez. Ahí llegan los primeros.  Empieza la representación.

10/11/2016

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