CARMEN

anciana.jpgLas tres dentaduras  han acabado en el campo de naranjos, unos días antes fueron los peines, y ayer las zapatillas.   Cada día una cosa, según le pega. Los naranjos están cuajados de flores.  ¡Que maravilla!.

No podía parar de reír pensando en el rato que íbamos a pasar probando dentaduras. Es lo que tiene, no resulta fácil identificar tu dentadura cuando en vez de salir de tu vaso de agua con pastilla blanqueadora, la recogen de un campo de naranjas.  Si no reconocen su ropa, reconocerán la dentadura. ¡Que pena!

Y ahí está ella, como si no hubiera roto un plato en la vida.  Como si hubiera dormido toda la noche. Seca, arrugada, huesuda, al acecho siempre, esperando un despiste en la puerta para salir corriendo.  Vaya carrera me hizo pegar ayer, por un momento pensé que no la alcanzaba. Un poco más y la pierdo de vista, y entonces, búscala entre los naranjos. ¿Cuándo duerme esta mujer? ¿De dónde saca tanta energía?

Trece mil euros, ahí tenéis el dinero, y ahí la tenéis a ella. No nos llaméis. No queremos saber más. Trece mil euros y se acabó el problema.  Y el problema está ahora aquí.

Y ella que quiero ir a mi casa,

– Que a tu casa no te puedes ir, que allí no hay nadie y tu no puedes quedarte sola.

– Tú que sabrás. Qué mala persona eres. Anda, llévame, que tu tienes coche -y me pone unos ojos zalameros que me derriten

– ¿Otra vez? Ayer ya te llevé y no conseguimos llegar, sólo tú sabes ir. No vamos a estar todos los días abajo y arriba.  Anda quédate un rato conmigo, ahí sentada.

La miro de reojo, aguanta tres minutos sentada, mientras se echa todos los clips al bolsillo, y los caramelos, y cuatro lápices sin estrenar.

Y  se va enfurruñada de cara a la puerta, a esperar un resquicio para salir corriendo.

– Acabarás cayéndote y será peor – le repito por centésima vez.

De un momento a otro van a venir a quejarse. Vendrán en pareja. Siempre de dos en dos, como la guardia civil, así presionando. Ya tardan.

– No para. Toda la noche corriendo por la casa. A la compañera le ha quitado hasta las sábanas, menos mal que la pobre no se entera. Lo tira todo. Así no podemos seguir.

– ¿Qué sugerís?

Así un día, y otro, y otro.

Y una carrera y otra y otra.

–  No, no vamos a ponerle sujeciones, no la vamos a encerrar,  no le vamos a dar el risperdal.

Entre los naranjos siguieron creciendo clips, caramelos, lápices, peines, zapatillas y dentaduras.

10/02/2017

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