
Conocida la figura de Hildegarda de Bingen, la película “la Virgen Roja”, (Paula Ortíz, 2024), me descubre que en territorio patrio también tuvimos una famosa Hildegart (quizás de la de Bingen le viene el nombre): Hildegart Rodríguez Carballeira (1914-1933).
Hildegart Rodríguez Carballeira (1914-1933), fue sobre todo una niña prodigio. Escritora, conferenciante, abogada a los diecisiete años, militante política y la líder juvenil de izquierdas más influyente en la época de la segunda república española. A su fama, sin duda contribuyó su trágico final con apenas diecinueve años: su madre le descerrajó cuatro tiros en la cabeza en 1933, cuando creyó que su hija se estaba desviando de la misión para la que ella la había concebido. O sea, cuando la chica quiso disfrutar de su juventud, de la vida y de su propia autonomía y de su enorme fama. Tras su muerte, a Hildegart le correspondieron décadas de silencio y olvido impuestos en gran medida por la dictadura franquista. Su figura salió del anonimato a través de la literatura y del cine a finales del siglo XX. Esta es la historia que encontramos en la película “la Virgen Roja”, en la que, más allá de la trama, destaca la interpretación de Najwa Nimri en el papel de madre. Vale la pena ver la película.
La historia de Hildegart y su trágico final, ya fue llevada a la pantalla en 1977 por Fernando Fernán Gómez y Rafael Azcona en la película “Mi hija Hildegart”. En aquella ocasión, y todavía en blanco y negro, fue Amparo Soler Leal quien interpretó magistralmente a Aurora. La figura de la madre destacar por encima del prodigio de la hija.
La madre y verdugo de Hildegart, Aurora Rodríguez Carballeira, soltera,mujer bien posicionada socialmente, ferviente defensora de la eugenesia (“estudio y aplicación de las leyes biológicas de la herencia orientados al perfeccionamiento de la especie humana[1]”), a modo de pigmalion, había engendrado a Hildegart, criado y educado, entrenado, siguiendo criterios eugenésicos. La niña, un dechado de habilidades y conocimientos, según los propósitos de su madre, estaba destinada a convertirse en el símbolo de la liberación de la mujer en el mundo. Pero, como renovada Frankestein, Hildegart toma vida propia, y quiere volar más allá de las ataduras que le impone su creadora. La muerte es el castigo. Pero Aurora, a pesar de la monstruosidad que se considera su delito, lejos de ser condenada a morir a garrote (pena al uso en la época), o a acabar su vida en un infecto penal, vivió muchos años y acabó su vida en el psiquiátrico de Cienpozuelos (Madrid), disfrutando del, trato más o menos amable, de una clienta privada con posibles. Aurora negó tanto en el juicio por asesinato, como durante toda su vida posterior, que padeciera cualquier tipo de enajenación que la pudiera eximir de su culpa: mató a su hija porque no cumplió con el designio para el que la creó. Así de simple, el mito de la desobediencia de Adán y Eva siempre regresa. El cine y la literatura describen a Aurora como una paranoica recalcitrante con una inteligencia y unos conocimientos poco habituales para una mujer de su época.

Y todo este preámbulo para llegar al libro de Almudena Grandes, “La madre de Frankestein”[2], del que Aurora Rodríguez, es uno de los personajes principales, además de una de las voces narradoras de la novela.
Podemos decir que la película “La Virgen Roja”, nos acerca a la historia de Hildegart Rodríguez, y el libro de Almudena Grandes lo hace a la figura de su madre Aurora Rodríguez Carballeira. Sin embargo, “la madre de Frankestein” es mucho más que el relato de la peripecia vital de una persona o de un suceso que conmocionó a la España que vivía su Segunda República. Se trata de una novela en la que, a modo de calidoscopio, aunque en blanco y negro pasando por toda su gama de grises, la autora nos ofrece de forma cruda, una visión panorámica de la vida y las miserias de España y Europa, (tras su II Guerra Mundial) en la primera mitad del siglo XX.
El relato histórico, funciona como un personaje más, y actúa como hilo conductor de la narración, unido inexorablemente al personaje (ficticio) que mueve la trama: el psiquiatra Germán Velázquez. Soberbio el relato histórico sobre las condiciones de vida de las mujeres siempre en lucha por la supervivencia, la diferencia de clases y la represión política, lo que pasaba en España, frente a lo que se vivía en Europa, la salida de los exiliados…
El psiquiátrico de Ciempozuelos, y la psiquiatría que se practicaba en España actúa en la novela como uno de los principales escenarios de la novela, texto y pretexto. Resulta más que interesante encontrar personajes reales tan nefastos en la historia de este país como lo fueron los psiquiatras Vallejo-Nájera y López-Ibor (en algunas casas todavía se conserva el libro de “doctrina” sexual de este señor), así como acercarse a la realidad de la atención (o maltrato, según se mire), que se dispensaba a los desgraciados y desgraciadas que acababan en los hospitales psiquiátricos de la época. Quizás la única diferencia entre unos y otras, era que, en el caso de ellos, su entrada en el psiquiátrico, la mayoría de las veces, iba aparejada a alguna patología mental o social (según consideraciones de la época); en el caso de ellas, podía no existir esa patología la mayoría de las veces también, era suficiente con que un marido, un padre, un hermano… quisieran quitárselas de en medio o simplemente la miseria.

Todo relato, máxime si es largo, y esta novela lo es, necesita cierto toque de color, algo de amor, de humor, de solidaridad, de alegría que desempalague de sinsabores, y eso también lo consigue Almudena Grandes. Lo hace a través de la expresión de uno de sus personajes (ficticio) principales que también actúa en la trama como narradora: María Castejón. De su boca escucharemos la queja contra la desigualdad que vivían las mujeres y retazos de ternura, de verdad, de una sabiduría que quizás solo cultivan los que menos tienen que perder.
Más que interesante el apartado final de “notas de la autora”. Contra todo prejuicio, una lectura apasionante.
Al hilo de Aurora y Hildegart, señalar que Aurora también actuó de Pigmalión de otro niño superdotado (y vida desdichada), su sobrino el músico Pepito Arriola, «el Mozart español». Pero esta historia queda para otra entrada.
No me resisto a poner una nota sobre Hildegarda de Bingen, dado que se trata deuna figura excepcional en su época: mística, filósofa, naturalista, compositora, abadesa y posiblemente la mujer con más poder e influencia del medievo. Silenciada durante ocho siglos, es en el año 2012 cuando el Papa Benedicto XVI la declara Santa y Doctora de la Iglesia (más vale tarde que nunca), que no es moco de pavo, dado que están contadas. Personalmente le agradezco también a la santa que creara la fórmula de elaboración de la cerveza que consumimos actualmente.
Para abundar sobre la figura de Hildegarda de Bingen:
http://mujeresconciencia.com/2016/10/03/santa-hildegarda-bingen-religion-ciencia-poder/
Más artículos sobre Hildegarda en http://www.mujeresconciencia.com
Foto 1: Aurora Rodríguez. Foto 2: Hildegart Rodríguez
[1] Diccionario RAE
[2] “La madre de Frankestein” Episodios de una guerra interminable. Almudena Grandes. Tusquets. 2024. 558 pag

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