LO DE SIEMPRE

 

AncianaLodesiempre

Un beso, el no vuelvas tarde de costumbre, de fondo el sonido de las noticias en la televisión. Ya en el pasillo el toma y daca de preguntas y respuestas de todos los sábados: ¿vas donde siempre? si, he quedado con las amigas; on el frío que hace esta noche, no sé que necesidad tienes de ir a ningún sitio, hoy ponen una película de las que te gustan, podíamos verla juntas.  Mamá no insistas, necesito salir un rato, estamos toda la semana juntas. ¿Volverás muy tarde?, no, creo. Un acuérdate de llevarte las llaves y un ¡ve con cuidado! apresurados, acompañan el golpe de la puerta.

– Ahora te toca a ti. ¿Qué no te viene bien?, ¿qué hago entonces yo? ¿espero veinte años más hasta que te venga mejor?.  ¿Cómo?, no, yo no decidí nada, lo decidisteis todo vosotros, nadie me preguntó a mí.  Disteis por supuesto, que era yo la que me tenía que hacer cargo, que para eso era la pequeña.  Y yo caí en la trampa. Si, no dije nada entonces, pero lo digo ahora, ¿lo puedo decir ahora o me tienes que dar permiso? Me quiero ir, y alguien tendrá que hacerse cargo de ella.  ¿Qué es lo que no entiendes? ¿tanto te cuesta entender que tengo cincuenta años, y necesito salir de aquí,  hacer algo con mi vida?  No me levantes la voz, yo no te he gritado, déjame hablar.  Sólo estoy pidiendo un tiempo, necesito salir, hacer algo para mí misma, romper esta monotonía que me tiene ahogada. Ya no aguanto más, simplemente, sólo estoy pidiendo que te hagas cargo tú un tiempo.  No, no nos ha pasado nada, no hemos discutido, nunca discutimos. ¿Que si la quiero? ¿cómo te atreves a preguntarme ahora si quiero a mamá? ¿por qué crees que llevo con ella tantos años, que no he protestado nunca? ¿La quieres tú que sólo apareces por casa cuando hay algo para recoger? ¿Que me lo he cobrado bien?, ¿qué me he cobrado?, ¿qué vienes tú ahora a pasarme cuentas? Me  importa un comino  el piso, las acciones, la herencia y el dinero, para ti todo si lo quieres, pero ahora te toca hacerte cargo de ella.  Ya sé que tienes tu familia y tu trabajo, llevas años repitiéndomelo. Si ya se que no das para más, ¿No pretenderás, que encima, todavía te tenga pena?. ¿Egoísta yo? ¿pero tu te oyes?.  No me importa nada lo que pueda decir tu mujer, apáñatelas con ella, ese ya no es mi problema. Escúchame:  me da lo mismo lo que pienses, ¡ahora te toca a ti!, organízatelo como puedas. He recogido mis cosas, las más precisas, me marcho y no voy a volver en una temporada larga.  No me esperes y no me busques. No me he despedido de mamá, no hubiera podido, dile lo que quieras.  Ve a casa y hazte cargo.

Lo dejó con la palabra en la boca, con el reproche dispuesto a oscurecerlo todo, con las excusas a medias. Las conocía todas, las había escuchado durante demasiado tiempo, consintiéndoles hacerse fuertes, confundirse con las suyas, ahuyentar la necesidad de bajarse del tiovivo en el que en cada vuelta arrastraba por el suelo las pocas expectativas de vivir que le quedaban.  Nunca pensó que al abandonar el teléfono pudiera sentir cómo se cortaba definitivamente su cordón umbilical, cómo inexplicablemente seguía respirando.

Tiempo, distancia, y rutinas conformaron la urdimbre de una cotidianidad vivida a bocanadas, empeñada en marcar huella, en apropiarse de una existencia que apenas estrenaba como propia.

Todos los sábados saben a ausencia y a barra de bar. ¿Te sirvo lo de siempre? Si, lo de siempre, pero en otro lugar, con otra gente, con otro horizonte, otra historia. Lo de siempre, sin arrancar del todo la necesidad de volver, el miedo a intentarlo y a quedar atrapada de nuevo en una tela de araña de la que ya consiguió escapar.

– Todo apunta a que la mujer hallada muerta en su domicilio,  falleció hace más de cuatro años sin que nadie percibiera su ausencia. Los vecinos en la calle no la recuerdan. Nadie la echó en falta – las noticias de la televisión reventaron de golpe la empalizada que había construido para garantizar su frágil tregua.

– ¿Quién dice que nadie la echó en falta? – apuró de un sorbo la copa reprimiendo el grito de rabia lanzado contra la pantalla de la televisión.

¿Todavía la estaría esperando junto a la ventana?

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